Protesta en San Antonio de los Baños

 


Calderos, Gomas y Patria y Vida anoche, las calles de San Antonio de los Baños se convirtieron en un río de voces, en un eco de resistencia que retumbó desde el Palenque hasta la Placita, pasando por el Paradero del tren y la calle Vivanco. No fue una simple reunión: fue un estallido de dignidad, un grito colectivo que rompió el silencio impuesto por la dictadura. El sonido metálico de los toques de calderos marcaba el ritmo de la protesta, como tambores de guerra que anunciaban que el pueblo no se rinde.

 Entre las llamas de las gomas encendidas, se alzaban las consignas: “¡Patria y Vida!”, “¡Abajo la dictadura!”. Cada chispa iluminaba la noche como símbolo de esperanza, como recordatorio de que la libertad no se apaga. Las bocinas hicieron vibrar la canción que ya es himno de resistencia: Patria y Vida. Sus versos se mezclaban con los gritos, con las palmas, con el coraje de quienes decidieron salir a la calle sin miedo. Era imposible no sentir la fuerza de ese coro improvisado, que se expandía rápidamente por los barrios, multiplicándose como fuego indetenible.

Desde el Palenque, donde comenzó la chispa inicial, la protesta se extendió velozmente. La Placita se llenó de rostros decididos, el Paradero del tren se convirtió en punto de encuentro, y la calle Vivanco resonó con pasos firmes y voces que no se callan. Cada esquina era un escenario, cada balcón un testigo, cada vecino un protagonista de esta jornada histórica. La noche se transformó en un mural vivo de resistencia: humo de gomas, luces improvisadas, banderas ondeando, manos alzadas. No había líderes únicos, porque el liderazgo era compartido: era el pueblo entero, unido en un mismo latido. Era la certeza de que la dictadura puede intentar apagar las voces, pero jamás podrá sofocar la voluntad de un pueblo que exige libertad.  El eco de los calderos no fue solo ruido: fue mensaje. El fuego de las gomas no fue solo protesta: fue símbolo. La canción en las bocinas no fue solo música: fue declaración. Todo se unió en una coreografía espontánea de rebeldía, en un acto de memoria y futuro. 

Anoche San Antonio de los Baños volvió a ser epicentro de la resistencia cubana. Volvió a demostrar que la esperanza no muere, que la dignidad no se negocia, que la libertad no se mendiga: se conquista. Y cada grito, cada golpe de caldero, cada chispa de goma encendida fue un recordatorio de que el pueblo está vivo, despierto y dispuesto a luchar.

Por Julián Manuel Mazola Beltrán

Líder de la Juventud del Partido Unión por Cuba Libre

 

 


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